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La Coctelera

superabuela

COMO SIEMPRE LO URGENTE NO DEJA PASO A LO IMPORTANTE

2 Mayo 2008

CARTA A UN MALTRATADOR

Fernando Orden Rueda 2º de Bachillerato, de Ciencias de la Salud. IES Bioclimático, de Badajoz. II Premio del II Concurso Nacional 'Carta a un maltratador', convocado por la Asociación 'Juntos contra la violencia doméstica'


Para ti, cabrón: Porque lo eres, porque la has humillado, porque la has menospreciado, porque la has golpeado, abofeteado, escupido, insultado... porque la has maltratado. ¿Por qué la maltratas? Dices que es su culpa, ¿verdad? Que es ella la que te saca de tus casillas, siempre contradiciendo y exigiendo dinero para cosas innecesarias o que detestas: detergente, bayetas, verduras... Es entonces, en medio de una discusión cuando tú, con tu 'método de disciplina' intentas educarla, para que aprenda. Encima lloriquea, si además vive de tu sueldo y tiene tanta suerte contigo, un hombre de ideas claras, respetable. ¿De qué se queja?

Te lo diré: Se queja porque no vive, porque vive, pero muerta. Haces que se sienta fea, bruta, inferior, torpe... La acobardas, la empujas, le das patadas…, patadas que yo también sufría.


Hasta aquel último día. Eran las once de la mañana y mamá estaba sentada en el sofá, la mirada dispersa, la cara pálida, con ojeras. No había dormido en toda la noche, como otras muchas, por miedo a que llegaras, por pánico a que aparecieses y te apeteciera follarla (hacer el amor dirías) o darle una paliza con la que solías esconder la impotencia de tu borrachera. Ella seguía guapa a pesar de todo y yo me había quedado tranquilo y confortable con mis piernecitas dobladas. Ya había hecho la casa, fregado el suelo y planchado tu ropa. De repente, suena la cerradura, su mirada se dirige hacia la puerta y apareces tú: la camisa por fuera, sin corbata y ebrio. Como tantas veces. Mamá temblaba. Yo también. Ocurría casi cada día, pero no nos acostumbrábamos. En ocasiones ella se había preguntado: ¿y si hoy se le va la mano y me mata? La pobre creía que tenía que aguantar, en el fondo pensaba en parte era culpa suya, que tú eras bueno, le dabas un hogar y una vida y en cambio ella no conseguía hacer siempre bien lo que tú querías. Yo intentaba que ella viera cómo eres en realidad. Se lo explicaba porque quería huir de allí, irnos los dos…Mas, desafortunadamente, no conseguí hacerme entender.

Te acercaste y sudabas, todavía tenías ganas de fiesta. Mamá dijo que no era el momento ni la situación, suplicó que te acostases, estarías cansado. Pero tu realidad era otra. Crees que siempre puedes hacer lo que quieres. La forzaste, le agarraste las muñecas, la empujaste y la empotraste contra la pared. Como siempre, al final ella terminaba cediendo. Yo, a mi manera gritaba, decía: mamá no, no lo permitas. De repente me oyó. ¡Esta vez sí que no!–dijo para adentro-, sujetó tus manos, te propinó un buen codazo y logró escapar. Recuerdo cómo cambió tu cara en ese momento. Sorprendido, confuso, claro, porque ella jamás se había negado a nada.

Me puse contento antes de tiempo.

Porque tú no lo ibas a consentir. Era necesario el castigo para educarla. Cuando una mujer hace algo mal hay que enseñarla. Y lo que funciona mejor es la fuerza: puñetazo por la boca y patada por la barriga una y otra vez…

Y sucedió.

Mamá empezó a sangrar. Con cada golpe, yo tropezaba contra sus paredes. Agarraba su útero con mis manitas tan pequeñas todavía porque quería vivir. Salía la sangre y yo me debilitaba. Me dolía todo y me dolía también el cuerpo de mamá. Creo que sufrí alguna rotura mientras ella caía desmayada en un charco de sangre.

Por ti nunca llegué a nacer. Nunca pude pronunciar la palabra mamá. Maltrataste a mi madre y me asesinaste a mí.

Y ahora me dirijo a tí. Esta carta es para tí, cabrón: por ella, por la que debió ser mi madre y nunca tuvo un hijo. También por mí que sólo fui un feto a quien negaste el derecho a la vida.

Pero en el fondo, ¿sabes?, algo me alegra. Mamá se fue. Muy triste, pero serenamente, sin violencia, te denunció y dejó que la justicia decidiera tu destino. Y otra cosa: nunca tuve que llevar tu nombre ni llamarte papá. Ni saber que otros hijos felices de padres humanos señalaban al mío porque en el barrio todos sabían que tú eres un maltratador. Y como todos ellos, un hombre débil. Una alimaña. Un cabrón.



Fuente: LA GACETA EXTREMEÑA DE LA EDUCACIÓN

No se necesitan mas palabras.

Salud y Paz

servido por superabuela 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

jotatrujillo

jotatrujillo dijo

En efecto: no se necesita mas palabras. Esa´brillante narración lo dice todo.
Gracias, amiga , por enseñárnosla.
Besos.

2 Mayo 2008 | 05:36 PM

Carla

Carla dijo

Gracias a Dios por ese niño que no tuvo que llorar años junto a su madre, gracias por esas orejitas que no tuvieron que ser tapadas y por ese cuerpecito que no tuvo que arrastrarse bajo la cama junto a algun hermanito, Gracias a Dios, porque no crecio lo suficiente para defender a su madre y ser maltratado tambien.
Gracias a Dios por esa madre que no tuvo que sufrir por su hijo tambien, ni oir sus gritos desesperado, saliendo a la calle de madrugada pidiendo ayuda.
Gracias a Dios!!!
:(

3 Mayo 2008 | 03:07 AM

Rafael

Rafael dijo

Es una carta estremecedora que indica la realidad de esos cabrones, gente débil y sin argumentos ni diálogo, sólo les vale el puñetazo y la violencia para hacerse entender, por eso, porque son cobardes.

3 Mayo 2008 | 10:27 AM

Los comentarios están cerrados


Sobre mí

He cumplido los 50, disfruto de una vida plena. Tengo la suerte disfrutar de marido, hijos, nietos, grandes amigos y tambien de muy malos momentos que me han hecho apreciar cada minuto de vida, procuro limar las aristas del dolor para transformarlas en aportes de sabiduria. href="http://contador-usuarios-online.promociona.net/" target="_blank"> Logo CCFVLS Movimiento en apoyo del idioma español en Internet El Tiempo por Tutiempo.net Para hacer oír tu voz, SÁLVALAS DE MORIR LAPIDADAS! sólo tienes que hacer clic aquí.

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